San Mauro
San Mauro Torinese, pequeño y antiguo pueblo de origen agrícola, reposado a lo largo de los diques del río Po, desprendido de la siempre verde colina que culmina con la basílica de Superga, integra en su territorio múltiples realidades. La historia de sus monumentos más ilustres, como la abadía Benedictina, el castillo de Sumbuy, la torre de Moncanino, que lleva la firma del ilustre arquitecto Antonelli, se funde con la actualidad de los asuntos económicos, crece con la expansión de las numerosas industrias que tienen su sede en su territorio e incluso con problema de carácter social debidos al crecimiento de la población.
Notables realizaciones en los campos social y económico han sido conseguidas, en el respeto y en la vanguardia de un paisaje de intrínseca belleza, aún hoy a medida del hombre, gracias a la iniciativa y a la laboriosidad de nuestros conciudadanos.
Reseña histórica
San Mauro, llamada hasta el siglo XV "Pulcherada", del latín Pulchra rada (bella playa de río), era probablemente una guarnición logístico-militar a lo largo del trayecto que unía la ciudad de Turín (fundada en el siglo I antes de Cristo) a Sassi, Sambuy, Gassino, Industria, etc.
Con la caída del Imperio Romano y la invasión de los bárbaros, acabó siendo un lugar abandonado, hasta que los monjes benedictinos, probablemente en el siglo IX, construyeron la abadía, dedicándola a San Mauro, discípulo predilecto de San Benedicto.
En el siglo siguiente, nuevas invasiones, probablemente de los sarracenos, dañaron la abadía que fue donada en 991 por el marqués Anselmo de Plonferrato, al monasterio de San Quintín de Spigio con el fin de que fuera reconstruida.
El campanario, erigido en el siglo XIII, servía de torre de guardia y permitía controlar a los ejércitos enemigos, pero mientras crecía la rivalidad de los señores al mismo tiempo disminuía la autoridad del abad, cuyas posesiones se redujeron notablemente, hasta que a finales del siglo XV, la Santa Sede transformó en encomienda la abadía, favoreciendo con ello una gradual autonomía de la comunidad de San Mauro, anteriormente impedida por la autoridad de la abadía.
En el siglo XVI, se realiza el primer censo. En el informe redactado por monseñor Peruzzi para la Santa Sede, resulta que (Torre di Moncanino. Foto: Bruno Fattori.) en San Mauro vivían cerca de 500 habitantes; la mayor parte de ellos eran gentes que hacían diversos tipos de cultivo en terrenos que les habían dejado en alquiler o en terrenos propiedad de la comunidad. Otros se dedicaban al pastoreo.
En 1799 con la invasón francesa, los bienes de la abadía fueron confiscados y la comunidad obtiene la cesión del molino con los prados y campos anejos del puerto de barcas sobre el río Po y del edificio parroquial. Los restantes bienes de la abadía fueron vendidos a un tal Barberis cuyos descendientes, en 1898, donaron a la comunidad el antiguo palacio de la abadía para transformarlo en ayuntamiento.
Pero el evento más importante para el desarrollo de San Mauro, que todavía contaba con 1.500 habitantes en el siglo pasado y ahora con cerca de 17.000, se produjo con la construcción del puente Vittorio Emmanuelle III, por iniciativa del alcalde Cavaliero Hochino e inaugurado en 1912, en sustitución del puente de barcas antiguo, del que hasta ese momento se servían.
El resto es historia de hoy, como por ejemplo, el nuevo puente que se está construyendo.











